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2012-01-02 issue:

Reflexión pastoral - Parte 13

¿QUIEN ES ESTE HOMBRE JESUS?

by Samuel Morán

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[Nota del editor: después de una prolongada ausencia, nuestro hermano Samuel Morán reanuda su serie…] 

“Una reflexión Cristológica a la luz de Pedro el Apóstol en el Evangelio de Marcos”

Al inicio de esta serie, señalamos que entre la frase introductoria: «Principio del evangelio de Jesucristo Hijo de Dios»  (1:1) y la de cierre: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (15:39), el Evangelista Marcos nos revela como Pedro va resolviendo el enigma “Quién es este Hombre Jesús”.  Y sin duda, en la medida que hemos avanzado en la reflexión, hemos ido desvelando juntamente con Pedro el profundo y esplendente perfil de Jesús Hijo de Dios.

En esta ocasión les invito a una nueva reflexión que he titulado:
 
JESUS: PROFETA ¡QUIERO SABER MAS DE TI!

Cuando él salía del templo, uno de sus discípulos dijo: — Maestro, ¡mira qué  piedras y qué edificios! Y Jesús le dijo: — ¿Veis estos grandes edificios? Aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Estando él sentado en el monte de los Olivos frente al templo, Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaban  aparte: — Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas estén por cumplirse? (NVI. Marcos 13:1-4)

En  los capítulos 11 y 12, Marcos nos describe los eventos que se desarrollaron con la visita de Jesús al templo. Luego en el capítulo 13, versículo 1, señala que saliendo Jesús del templo fue interpelado por uno de sus discípulos.   Expresándole:

— Maestro, ¡mira qué  piedras y qué edificios!

¿Por qué el discípulo quiso llamar la atención de Jesús a este detalle? ¿Acaso Jesús pasaba por desapercibido la estructura y los edificios?  En ningún momento Marcos nos deja entrever cual era la apreciación de Jesús a la arquitectura o materiales de los edificios del templo. Lo que si hace es: Primero, asentar lo fascinado que está el discípulo por la belleza del Templo. Segundo: registra la predicción que Jesús hace acerca del templo. Tercero, nos muestra a Pedro acompañado de tres condiscípulos, viniendo a Jesús en búsqueda de respuestas. Y por último, nos describe con detalles la respuesta profética que Jesús ofrece a Pedro, Jacobo, Juan, Andrés, y a nosotros hoy día. 

LO IMPRESIONANTE Y LA CONNOTACIÓN DEL TEMPLO:

En cierto modo, el discípulo “embelesado” tenía razón de querer llamar la atención de su Maestro, tomando en cuenta que los edificios del templo abarcaban aproximadamente 15 hectáreas amuralladas, con espacioso patio y rodeado de suntuosas columnas de mármol.  Todo lo cual se debía en gran parte a las renovaciones de engrandecimiento y embellecimiento que Herodes el Grande había hecho al segundo templo reconstruido por Zorobabel. De manera, que la arquitectura,  materiales, y movimiento de gente, le daban al templo un esplendor impresionante. Por lo que muy acertadamente el “Living New Testament” parafrasea las palabras del discípulo de esta manera:       

-----Maestro, ¡qué edificios más bellos! ¡Qué lindas paredes de piedra!
Hoy en día sería como visitar la “Catedral de Cristal”,  la más famosa del Condado de Orange, CA y quedarse fascinado por los 10,000 paneles de cristal que la componen y que forman una estrella cristalina por la parte de afuera.

Observemos, que ante tal apreciación,  Jesús respondió:

--- ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada.
¡Qué revelación tan sorprendente la que hace Jesús! Profetiza que el esplendor del templo se convertiría en un  asunto del pasado; porque será desolado. Esta  predicción es de suma importancia porque tiene varias implicaciones: Primero, porque el templo es el único centro de adoración (culto) de Israel. Convirtiéndose así en el lugar “sagrado” donde el pueblo tiene acceso a Dios. De allí que, de destruirse, no solo cesarían los ritos y ceremonias del pueblo Israel, sino que desaparecería el símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo (el símbolo, pero no Dios, porque Dios siempre está presente y al cuidado de su pueblo). Segundo: Porque la destrucción del templo estaría cediendo el camino al “Nuevo Orden” divino de adoración, el cual no se centraliza en un “único” lugar geográfico, sino adonde “dos o tres” se reúnen en el nombre Cristo para adorar a Dios en “espíritu y verdad”.  Esta nueva forma de “adorar”  no está  ligada a lo “suntuoso” o “sencillez” del edificio (templo), mucho menos a un “único” punto geográfico sagrado, sino más bien a la actitud de fe del  corazón. Con esto no estamos diciendo que el “edificio” no tenga un lugar apropiado en relación a la reunión de los adoradores, sino a que lo más importante es congregarse (reunirse) como iglesia para adorar a Dios y edificarse mutuamente (Hebreos 10:25). El templo (edificio) es temporal, la iglesia (los discípulos) es llamada a vivir eternamente con su Redentor. Por lo tanto, la destrucción del templo, da lugar a un  Nuevo Culto donde los adoradores (que pueden ser dos o tres) se “reúnen” en el nombre de Cristo debajo de un árbol, un garaje, una sala, un lugar prestado, etc. Obviando así la grandeza o sencillez del lugar para resaltar la importancia de “estar juntos” como comunidad de fe donde quiera que se encuentre.

Así mismo, hay que  tomar en cuenta que el éxito de sobrevivencia (de siglos) y  expansión de la iglesia, radica en el hecho de que el Espíritu Santo vive en ella y que no ha dependido de un “exclusivo” lugar para sus reuniones de adoración. Un ejemplo de ello, son los discípulos del segundo y tercer siglo, que celebraron a escondidas sus reuniones en cuevas o catacumbas. Disfrutando aun así, de la presencia de Dios en sus reuniones.  ¡Lo importante es reunirse!

¿Cuándo fue la última vez que te “congregaste”? Congregarse es una de las disciplinas que cada discípulo de Jesús debe practicar. Ser parte de una Comunidad es fundamental para el desarrollo de la fe. Por ello se debe asumir con mucha seriedad el compromiso de “estar presente” en cuerpo, alma y espíritu, en las reuniones de una congregación local.  ¡No hay tal cosa de oveja sin rebaño!  ¿Cuál es tu rebaño? 

Hoy en día no es necesario viajar a Jerusalén para adorar, pero esto no exime al discípulo de Jesús a asumir el compromiso de “reunirse” con los hermanos en la fe. Este debe ser un valor radical en la vida de cada cristiano. El Apóstol Pedro enseña que cada creyente es una “piedra viva”, que juntos construyen el templo del Señor (1ª Ped. 2:5).  Amado lector: ¡No dejes de reunirte! Tercero: Al anunciar Jesús la destrucción del templo, está tomando el rol de Profeta. El cual quedaría sometido a juicio del tiempo hasta su cumplimiento. Cabe mencionar que dicha destrucción ocurrió en el año 70 DC en manos de Tito, un general romano.  
¿Y Pedro?

(Continuará en la próxima edición)

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